sábado, 28 de agosto de 2010

Guillermo Outes recuerda la colimba en Puerto Deseado



Recuerdos de un conscripto
La primera licencia, volver a casa


Los días en Deseado transcurrían en la más absoluta monotonía; nuestra clase ya habia tomado todos los puestos dentro del Escuadrón y quien suscribe realizaba tareas de oficina en la intendencia del cuartel más las guardias que gracias a los muchachos del detall me comía a lo loco y si a eso le sumamos los bailes que nuestros queridos zumbos nos brindaban a diario, digamos que estábamos bastante ocupados.
La temperatura comenzaba a bajar en mayo, el viento ya era insoportable, más teniendo en cuenta la proximidad que teníamos con la costa atlántica (5 km), pero ya estábamos acostumbrados.
Durante mayo ya se hablaba de las futuras licencias, o sea volver a casa durante quince días, y todos fantaseábamos con regresar a nuestros hogares lo antes posible: era nuestra única meta positiva.
Como era imposible que toda la guarnición viajara junta, había que armar tandas para que el personal viaje. El drama era decidir quien viajaba primero y quien se quedaba bancando 15 dias más en el cuartel con la mitad del personal o sea la doble cantidad de guardias se avecinaba.
Yo debia definir con Claudio Gavigliani quién viajaba y el sistema mas democrático fue por sorteo. En el momento de definir el tema, decidimos jugarlo con un par de papelitos, uno de ellos tenia una "X" y la sacó Claudio, tocándome la segunda tanda; mi depresión al saber que tenía que quedarme fue tal que contaba los dias como un preso, pues estar en Puerto Deseado aislado del mundo deberia ser lo mas parecido a estar preso.
Y el dia llegó. Claudio volvió de Buenos Aires, y me tocó volver a casa, micro hasta Comodoro Rivadavia y de allí avión a Capital Federal. Fue la primera vez que viajaba en un avión Hércules. El Hércules es un avión de carga sin ningún tipo de comodidad para los pasajeros, menos para llevar a más de 100 hombres. El espacio sobraba, pero debíamos viajar sentados en el piso o parados como si fuera un colectivo .
Al llegar a El Palomar(aeropuerto de la Fuerza Aérea) la excitación era tremenda; volver a casa despues de 5 meses era demasiado.
Recuerdo perfectamente que al salir de Palomar tomé un colectivo hasta la Boca. Al subir me pasó algo que me marcó para siempre. Una señora viajaba junto a un niño, yo subí con mi uniforme de salida y quedo parado en el medio del colectivo. De golpe la señora expresa, dirigiéndose al niño: "Dejale el asiento al señor". Yo miré dentro de todo el colectivo a quien se dirigía y me encontré solo, parado en el mismo. Fue la primera vez que me llamaban "señor"… había cruzado el umbral, la adolescencia había quedado atrás.

Guillermo Outes

1 comentario:

Agustina Barreyro dijo...

Hola,estuve buscando información hacerca la colimba , por lo que estuve viendo mi papá Alejandro Barreyro estuvo en el mismo año que este si no me equivoco . El perdió contacto con todos sus compañeros y quisiera poder ,hacer que se reencuentre con alguno de ustedes .. o que me pueda ayudar .

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